martes, 7 de junio de 2011

El Leñador.



Juca Patiño reconoce las maderas por el olor, de qué árboles vienen, qué edad tienen, y oliéndolas sabe si fueron cortadas a tiempo o a destiempo y les adivina los posibles contratiempos. El es leñador desde que hacía sus propias hachas y cuchillas en la azotea de su casa del barrio de Río de la plata. Nunca tuvo máquinas ni ayudantes. A mano hace todo lo que hace, y de su mano nacen las mejores armas de La Habana: cuchillas sigilosas para una muerte segura, hachas enormes para acabar con los más temibles animales o cuchillas de hierro que ni el mejor metal pueda romper.

Juca trabaja desde el amanecer. Y cuando el sol se va de la azotea, se encierra y enciende el video. Al cabo de tantos años de trabajo, Juca se ha dado el lujo de comprarse un DVD, y ve una película tras otra. ­No sabía que eras loco por el cine ­le dice un vecino. Y Juca le explica que no, que a él el cine ni le va ni le viene, pero gracias al DVD puede detener las películas de acción para estudiar las armas más increíbles que pueda.

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