
“Escribir el libro no me resultó tan difícil como tener que vivir con él”. Son las propias palabras de Truman Capote al describir la sensación que lo embarga al pensar sobre su obra maestra; “A sangre fría”.
El destino actúa a veces de forma misteriosa e incomprensible, puede un día llevarnos a lo más alto y al instante hundirnos en la más profunda depresión, y todo en un instante que casi ni se siente, que como viene, se va. Truman Capote, entendió y encarnó dicha afirmación mejor que muchos. Con el objetivo de hacer una obra literaria de envergadura, sin quererlo, o probablemente sin saberlo y sin poderlo evitar, llegó a involucrarse de una forma tan impecable, como la obra misma, en una historia que se hizo parte de él, no sólo la historia, sino también los mismos personajes, con los que se identificó, lloró y sufrió. Todo esto hasta el punto de llevarlo a un estado de conmiseración propia, y a un severo estado de depresión. El artículo nos hace pensar y reflexionar sobre cómo sin buscarlo lo que nosotros entendemos por vida, puede cambiar tan drásticamente en un abrir y cerrar de ojos. A partir de este, siento que quiero leer la obra completa, y entender lo que sintió Truman Capote. No sé exactamente cuántos personajes arman esta excelente obra, pero me quedo con el pensamiento de que Truman Capote fue uno más de ellos.
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